Perspectivas · 006

Deporte para todos: El ecosistema que no aparece en los organigramas

Buena parte de la práctica deportiva ocurre fuera de las estructuras que tradicionalmente utilizamos para representar el sistema: federaciones, ligas y clubes. Parques, gimnasios, comunidades informales, eventos populares, proyectos sociales y espacios urbanos forman también parte del ecosistema. Esta Perspectiva explora ese deporte que rara vez aparece en los organigramas y plantea la necesidad de construir mejores conexiones entre la práctica abierta, la competencia organizada y el alto rendimiento.

Colección
Perspectivas
Número
006
Eje conceptual
Ecosistemas deportivos
Nivel de profundidad
Intermedio
Tiempo de lectura
8 min
Autor
Mtro. Sebastian Lopez
Fecha
25 de September de 2026

El desarrollo deportivo suele observarse desde sus estructuras formales: federaciones, ligas y clubes. Sin embargo, una parte creciente de la práctica deportiva ocurre fuera de ellas, en parques, gimnasios, carreras populares y comunidades que se organizan por su cuenta. Esta Perspectiva propone incorporar ese "deporte para todos" al ecosistema deportivo, repensar el rol de las federaciones como articuladoras del sistema y advertir sobre las zonas grises, como el amateurismo marrón, que surgen cuando el vínculo entre práctica y rendimiento no está bien construido.

Un sábado cualquiera, en cualquier ciudad, miles de personas hacen deporte sin que ninguna federación lo registre. Un grupo corre al amanecer por el parque. Dos equipos improvisados se disputan una cancha de barrio. Una asociación vecinal organiza clases de acondicionamiento en la explanada. Nadie tiene licencia, no hay árbitros oficiales ni tabla de posiciones. Y, sin embargo, ahí ocurre buena parte del deporte real de un país. La pregunta es inevitable: ¿forma parte del sistema deportivo, o es algo que sucede a su margen?

Un motor de cambio que depende de cómo se organiza

Se suele decir que el deporte es un motor de cambio social, y hay razones para creerlo. Reúne a personas distintas bajo reglas comunes, genera pertenencia, construye hábitos y referentes. Norbert Elias y Eric Dunning mostraron cómo el deporte moderno formó parte del proceso de civilización de las sociedades, canalizando la tensión y la emoción bajo normas compartidas.

Pero el deporte no transforma por sí solo. Pierre Bourdieu advirtió que las prácticas deportivas también reflejan y reproducen las diferencias sociales: quién practica qué deporte, dónde y con qué recursos no es algo casual. El deporte puede integrar, pero también puede excluir. Por eso resulta más preciso entenderlo como un catalizador: amplifica aquello que la forma de organizarlo hace posible.

Del sistema cerrado al sistema abierto

El sociólogo español Manuel García Ferrando dedicó tres décadas a medir cómo practicaban deporte sus conciudadanos. Sus encuestas mostraron una transformación profunda: el deporte dejó de estar ligado principalmente a la competición federada y se convirtió en una práctica más libre, recreativa y orientada a la salud, la sociabilidad y el disfrute. Es lo que se conoce como "deporte para todos". Sus datos mostraban también que ese crecimiento no llegaba a todos por igual: el género, la edad, el nivel educativo y la posición social seguían marcando diferencias.

Núria Puig y Klaus Heinemann describieron este proceso como el paso de un sistema deportivo cerrado, organizado como una pirámide federativa, a un sistema abierto, donde conviven múltiples lógicas: la competitiva, la expresiva, la orientada a la salud y la del espectáculo. Las federaciones siguen siendo centrales, pero ya no son las únicas que organizan el deporte.

En México, la Encuesta de Práctica Deportiva y Ejercicio Físico (MOPRADEF) del INEGI permite observar tendencias similares y es una herramienta valiosa para entender cómo, dónde y quién practica actividad física en el país.

Quién organiza el deporte que no aparece en los organigramas

El deporte fuera de las federaciones no es un espacio vacío. Tiene actores, reglas y formas de organización propias. Los gobiernos municipales, a través de sus institutos o direcciones de deporte, gestionan instalaciones, escuelas deportivas y programas abiertos cuya lógica no es la competición, sino el acceso. La práctica auto-organizada ocupa el espacio público y depende directamente de decisiones urbanísticas: una cancha iluminada, una ciclovía o un parque con equipamiento son, en la práctica, política deportiva.

A ellos se suman los grupos y comunidades informales, desde clubes de corredores hasta colectivos de montaña, que hoy se coordinan muchas veces a través de redes sociales; el sector comercial, con gimnasios y centros especializados que han absorbido gran parte de la demanda de actividad física; los eventos populares, que convierten la competición en celebración colectiva; las culturas deportivas urbanas, como el skate o el parkour, nacidas deliberadamente al margen de las instituciones; y los proyectos de deporte social, que utilizan la práctica deportiva como herramienta de inclusión con jóvenes, personas migrantes o personas con discapacidad.

Cada uno cumple una función distinta. Juntos forman una parte del ecosistema tan relevante como la estructura federada, aunque rara vez aparezca en los organigramas.

El nuevo rol de las federaciones: de la pirámide a la red

Reconocer el deporte para todos no significa restar importancia a las federaciones. Significa repensar su función. En un sistema abierto, una federación no puede limitarse a administrar la competición de quienes ya están dentro. Su valor está en convertirse en un nodo articulador, capaz de conectar la práctica masiva con el desarrollo del talento.

Durante mucho tiempo se ha pensado el deporte como una pirámide: una base amplia de practicantes de la que, por selección, surgen los deportistas de alto rendimiento. La imagen es útil, pero incompleta. En la realidad, la base no se forma sola ni está automáticamente conectada con la cima. Entre la cancha del barrio y la selección nacional hay caminos que deben construirse.

Las federaciones pueden hacerlo de varias formas. Pueden crear licencias o modalidades de participación recreativa, que permitan a quienes practican fuera del circuito competitivo formar parte de la comunidad del deporte sin las exigencias de la competición formal. Pueden establecer acuerdos con municipios, escuelas y organizaciones comunitarias para compartir instalaciones, formar entrenadores y detectar talento donde efectivamente está. Pueden diseñar competiciones escalonadas, con distintos niveles de exigencia, que funcionen como puertas de entrada y no como filtros. Y pueden generar información sobre la práctica real, para que las decisiones se tomen con evidencia.

Hay una condición importante: el puente hacia el rendimiento no debe convertirse en presión prematura. La especialización temprana y la exigencia desmedida sobre niñas, niños y jóvenes suelen producir abandono antes que talento. Un sistema que cuida la base, que mantiene el disfrute y la variedad de experiencias, es también un sistema que llega más lejos en el alto rendimiento. Una base amplia y bien acompañada no compite con la excelencia: es su condición de posibilidad.

El amateurismo marrón: cuando el puente no existe

Cuando el camino entre la práctica aficionada y el deporte profesional no está bien diseñado, aparecen zonas grises. La más conocida es lo que en España se denomina amateurismo marrón: deportistas que compiten en categorías formalmente amateurs, pero que reciben pagos informales, sin contrato, sin seguridad social y sin reconocimiento de derechos laborales.

El fenómeno es frecuente en las categorías intermedias de muchos deportes, donde los clubes aspiran a competir a un nivel cercano al profesional sin tener la estructura económica para sostenerlo. Sus consecuencias son varias: precariedad para los deportistas, que dedican gran parte de su tiempo al deporte sin protección ni certezas; fragilidad financiera de los clubes, que asumen compromisos que no pueden documentar ni sostener; competencia desigual entre instituciones; y opacidad en la gestión, que erosiona la confianza del ecosistema.

El amateurismo marrón es, en el fondo, un síntoma. Revela que existe un espacio entre el deporte para todos y el profesionalismo que nadie ha organizado adecuadamente. Deportistas con talento y aspiraciones quedan atrapados en un limbo: demasiado comprometidos para ser aficionados, sin las garantías de ser profesionales.

Resolverlo no pasa solo por sancionar, sino por diseñar. Categorías semiprofesionales con reglas claras, figuras contractuales adaptadas a la realidad de cada nivel, mecanismos de transparencia financiera y apoyos para la formación y la doble carrera de los deportistas son parte de la respuesta. También lo es recuperar el sentido del verdadero amateurismo, entendido como gratuidad y disfrute de la práctica. El amateurismo marrón es exactamente lo contrario: no es gratuidad, sino profesionalismo sin derechos.

Implicaciones para el desarrollo deportivo

Si buena parte del deporte ocurre fuera de las estructuras formales, las políticas deportivas no pueden mirar solo a clubes y federaciones. Necesitan reconocer a los actores informales, garantizar el acceso a instalaciones y espacio público, evitar que la oferta comercial excluya a quien no puede pagar y construir vínculos entre los distintos niveles de práctica.

Esto implica pasar de una lógica de gestión de estructuras a una lógica de articulación de relaciones. El desafío no es elegir entre deporte para todos y alto rendimiento, sino diseñar un ecosistema donde ambos se refuercen: donde cualquier persona pueda empezar a practicar, donde quien lo desee pueda progresar, y donde quien llegue a competir al más alto nivel lo haga con garantías.

Volver a la cancha del barrio

Aquel sábado en el parque, entre quienes corren al amanecer y quienes juegan en la cancha improvisada, puede haber alguien que algún día represente a su país. O puede que no, y que simplemente encuentre en el deporte salud, amistad y sentido de comunidad. Ambas cosas importan. El deporte para todos no se decreta: se organiza. Y no siempre desde arriba.

Observar el territorio

La próxima vez que observes el deporte de tu ciudad, intenta mirar más allá de las organizaciones que aparecen en los registros oficiales.

¿Dónde practican quienes nunca se federan? ¿Quién organiza esas actividades? ¿Qué papel desempeñan los parques, escuelas, gimnasios, colectivos y comunidades? ¿Existen caminos claros para quien quiere pasar de una práctica recreativa a una experiencia competitiva? ¿Qué sucede con quienes se encuentran en los espacios intermedios entre el amateurismo y el profesionalismo?

Responder esas preguntas puede revelar una parte del ecosistema que permanece invisible cuando observamos únicamente sus estructuras formales.

Porque el deporte para todos no ocurre fuera del sistema.

También es el sistema.